DEPORTES

El Mundial de las estrellas sin brillo

Ya no están Messi, Cristiano ni Neymar. Tampoco Iniesta, Suárez y Neuer. ¿Qué les pasó a las figuras?

El Mundial de las estrellas sin brillo

Juan Villoro -escritor mexicano, amigo del fútbol, observador del más popular de sus deportes y también de sus alrededores- no está contento porque La Tri se quedó afuera en los octavos de final. Pero ahí sigue ofreciendo palabras lúcidas para contar de qué se trata todo esto del evento más universal del deporte. 

Lo contó alguna vez, en la Biblioteca Vasconcelos, en la Ciudad de México, en el contexto de una charla Cómo leer un partido de fútbol: 

“Hay muchas maneras de jugar al futbol, una de las cosas que más me asombran y que he querido reflexionar en los últimos tiempos es que a pesar de todas las cosas que lo oscurecen: la manipulación económica, la explotación política, el dopaje, la asunción de costumbres absolutamente ultrajantes e indignas, como el racismo y el machismo, ha podido mantener y renovar la capacidad de asombrarnos”.

Asombro. Eso. ​El Mundial de Rusia, llamado a ser en su antesala la celebración del fútbol de las individualidades terminó siendo todo lo contrario. O casi. El fútbol como expresión colectiva está venciendo el imperio de los supercracks que acontece frecuentemente en el ámbito de los clubes superpoderosos de la Champions League. 

Lionel Messi y Cristiano Ronaldo se quedaron afuera el mismo día. Argentina y Portugal no pudieron pasar los octavos de final. Sus figuras, sin el amparo de sus compañeros, padecieron. La escena final fue compartida, bajo cielo ruso, pero en distintas ciudades: Messi, solo, controló su desencanto ante el 4-3 frente a Francia; Cristiano, también solo, miró sin su sonrisa de publicidad odontológica ante las cámaras del mundo luego de la derrota frente a Uruguay.

Ellos dos, dueños de todos los premios a cualquier MVP de la la última década ´(Balón de Oro, FIFA Awards, The Best y todos los etcéteras del rubro) y participes del Superclásico de las Individualidades más grande de todos los tiempos cayeron pronto en el Mundial. Pasaron equipos pensados como tales. Sirve un detalle: en el debut de la Argentina, Messi pateó un penal contra un director de cine. El arquero de Islandia, Hannes Halldorson, uno de los poco más de 100 futbolistas profesionales con el que cuenta el país insular del norte de Europa, voló a la historia y se lo atajó. El partido terminó 1-1. Fue el principio de la despedida prematura de la Selección de Messi.  

Cristiano arrancó con todo. Su hattrick frente a España, sus cuatro goles en dos partidos, ofrecían la idea de que era "su" Mundial. Nada de eso. El equipo, campeón de la Eurocopa en 2016, no lo pudo acompañar luego. 

Neymar duró un puñado de días más. Llegó hasta cuartos de final. Pero no le alcanzó con los destellos que ofreció en sus cinco partidos y también terminó como sus compañeros del pedestal de los cracks: solo, entre sollozos, en el centro del campo. Cerca de él, la cooperativa multicolor de Bélgica festejaba su clasificación a las semifinales. Fue una sombra. Esa sombra proyectada sobre el campo de juego de Kazán.

En un segundo escalón, en términos del impacto, quedaron otros cracks que la Copa del Mundo esperaba en su mejor versión.

Manuel Neuer, Guante de Oro de Brasil 2014, no pudo evitar el papelón alemán: los campeones del mundo se quedaron afuera en la primera ronda, tras caer frente a México y a Corea del Sur. No fue salvador. No fue figura. No fue Neuer. 

Andrés Iniesta -autor del gol más importante de la historia del fútbol español, crack en retirada, crack de culto- tampoco brindó su fútbol de mago para La Roja. Rusia -local cuestionado, plantel sin figuras- lo eliminó en octavos. El peladito de Fuentealbilla no logró encantar. Esa bonita costumbre no la pudo exhibir en el país más grande del mundo. 

Luis Suárez, goleador serial, tampoco pudo entregar lo que sus antecedentes contaban. Fue bravo como Uruguay en el Mundial, incluso a pesar de la eliminación ante Francia. Pero no fue ese delantero devastador que el Camp Nou pone al servicio de su Barcelona multiestelar. 

Y a la sombra de ellos, seleccionados con menos tradición, a contracara de presunciones, siguen en carrera. ¿O acaso muchos conocen a esos suecos que defienden como vikingos? ¿O a esos rusos que parecen transformarse ante el aliento de su gente? 

Y también asoman otras figuras, conocidas, del segundo escalón de la élite, esos cracks agazapados en nombre de demostrar que está comenzando otra era. Con ellos como protagonistas centrales.

Y allí se anotan, a modo de lista preliminar:

Kylian Mbappé.

Antoine Griezmann.

Harry Kane. 

Romelu Lukaku.

¿Compartís la nota?